Aulas covidfree

La pandemia causada por el coronavirus Covid-19 ha tenido una incidencia global que ha afectado a múltiples ámbitos de las actividades económicas. Uno de los entornos en los que, quizás, no se haya puesto suficiente foco es el de la educación. Según los datos de la ONU, más de 1.500 millones de estudiantes y 63 millones de docentes de 191 países, se han visto afectados por el cierre de las escuelas. Hay que recordar que los centros de enseñanza no son solo un recinto físico, constituyen también comunidades de aprendizaje donde la interacción y las relaciones personales son esenciales para el desarrollo de los alumnos. Y en muchos casos, lugares donde los estudiantes pueden comer.

Aunque los docentes se han esforzado por continuar su actividad formadora por canales alternativos, casi siempre digitales, la pandemia ha vuelto a poner de manifiesto el desigual acceso a la tecnología en nuestra sociedad. Son muchos los alumnos que, en este periodo de confinamiento, están sufriendo en primera persona la brecha digital. En este sentido, los datos del Equipo de Trabajo sobre Docentes, coordinado por la UNESCO, han revelado que alrededor de 826 millones de estudiantes no tienen acceso a un ordenador en su hogar y que el 43% no dispone de conexión a internet, por lo que no es posible garantizarles una formación online de calidad. Alternativamente, muchos de estos alumnos han encontrado en la conectividad móvil un aliado para poder seguir las clases e interactuar con sus compañeros. Sin embargo, son más de 56 millones los menores que viven en áreas sin acceso a cobertura de redes móviles

El confinamiento también nos ha recordado la vulnerabilidad de los más pequeños y la incidencia que está teniendo en su estado psicológico y emocional. Según un estudio elaborado por Save the Children, uno de cada cuatro niños sufre ansiedad por el aislamiento social. La organización advierte de que la falta de juegos al aire libre, así como el estrés prolongado, el aburrimiento y el distanciamiento social pueden generar problemas de salud mental. En la misma línea, diversas encuestas han reflejado que, por ejemplo, en Finlandia más de la mitad de los menores sentía fatiga; mientras que en Alemania tres de cada diez mostraron preocupación por no poder terminar el curso escolar; en Estados Unidos un cuarto de los entrevistados sentía ansiedad.

Por otro lado, uno de los grupos más afectados por la interrupción de la educación presencial ha sido el alumnado con necesidades educativas especiales. La guía El derecho a la Educación durante el COVID-19, elaborada por la organización española Plena Inclusión, refleja cómo estos menores son especialmente vulnerables ante la necesidad de continuar con las clases en remoto. Para ellos, enfrentarse a la falta de accesibilidad cognitiva de los entornos digitales es un serio problema, ya que la mayoría de los recursos están diseñados sin atender a las necesidades de las personas con discapacidad.

Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO, ha declarado que “si bien deben multiplicarse los esfuerzos para proporcionar conectividad a todos, ahora sabemos que la continuidad de la enseñanza y el aprendizaje no puede limitarse a los medios en línea”. El papel de las aulas como elemento que garantiza el pleno desarrollo de los estudiantes es indudable y, por ello, el retorno debe hacerse de forma segura.

GARANTIZAR UNA EDUCACIÓN PRESENCIAL LIBRE DE COVID-19

En Prosegur trabajamos cada día para dar cumplimiento a nuestro propósito de hacer el mundo un lugar más seguro, entre otras cosas, porque nos importan las personas. Este anhelo, compartido entre la compañía y la Fundación Prosegur, ha motivado el lanzamiento de una convocatoria al mundo emprendedor para dar una solución eficaz que permita un retorno a las aulas con seguridad.

La iniciativa, de carácter internacional, está abierta a cualquier start-up y el plazo para presentar las propuestas finaliza el 6 de julio. La compañía seleccionada tendrá la oportunidad de desarrollar una prueba piloto en un centro educativo de la Comunidad de Madrid, con el propósito de acercar después la solución Al mayor número de centros de enseñanza posible.

Un desafío social que busca talento innovador para que la tecnología nos ayude a recuperar no solo la normalidad, sino también una de nuestras necesidades básicas: el contacto humano.

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