Eficaces, accesibles y más potentes: así es la nueva generación de robots

Gracias a la Inteligencia Artificial, procesamiento de datos o internet de las cosas, la nueva generación de robots de campo puede ejecutar tareas más específicas, y con más precisión, eficacia y delicadeza que hasta hace muy poco parecía imposible.

Fue una de las ponencias estrellas de la última Design Con de Santa Clara, celebrada en la ciudad californiana el pasado mes de abril. Rodeado de otras autoridades académicas y altos directivos de multinacionales como Hewlett Packard, Paul D. Franzon, director del programa de Ingeniería Informática de la Universidad de Carolina del Norte, afirmó que estamos entrando en la fase definitiva de la “plena democratización de la robótica”.

En los últimos años, según explicaba Franzon, hemos asistido al despliegue de una nueva generación de robots “cada vez más simples, baratos y eficaces”, centrados en tareas muy específicas que ejecutan a la perfección, con un muy alto grado de especialización y psicomotricidad fina. Camareros robot en cafeterías cien por cien automatizadas, jornaleros mecánicos que se hacen cargo de la cosecha en granjas de California, Australia, Canadá o el Reino Unido, robots olfativos capaces de distinguir un buen whisky de otro mediocre, jardineros androides dotados de innovadores sistemas de mapeado de superficies.

Pese a que se trata de obras maestras de la tecnología aplicada, ya no cuestan una fortuna, por lo que su plena implementación ha dejado de ser una utopía. Esta nueva hornada de aplicaciones robóticas de vanguardia prometen ser el producto estrella de RoboBusiness, la feria sectorial que va a celebrarse entre el 19 de octubre de este año de nuevo en Santa Clara. Un evento de primer nivel en el que se esperan más de 500 expositores y alrededor de 20.000 visitantes.

 

Del perro robot al androide de olfato infalible

Durante la pasada edición del Mutua Madrid Open de Tenis, Prosegur presentó a Yellow, un perro robot de sorprendentes prestaciones que formó parte muy destacada del operativo de seguridad del torneo. Yellow es un dispositivo autónomo de vigilancia móvil capaz de subir escaleras, acarrear peso, abrir puertas y moverse de manera fluida por terreno irregular sorteando obstáculos si es necesario. El perro robot es un prototipo ambicioso, que se nutre de inteligencia artificial de nueva generación, pero forma parte también de esta hornada de ingenios multiuso que está revolucionando la llamada robótica de campo, es decir, la creación de robots que ejecutan tareas sobre el terreno.

Uno de los más refinados tal vez sea N.O.S.E., peculiar androide desarrollado por la escuela de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Sídney. Se trata de un robot especializado en la evaluación instantánea de bebidas alcohólicas, un proceso realizado hasta ahora por catadores altamente especializados (y que, pese a su capacidades y experiencia, pueden equivocarse) o recurriendo a un análisis químico costoso y complejo. N.O.S.E. dispone de ocho sensores de gas que le permiten detectar olores y crear una matriz de señales olfativas que las analiza haciendo uso de un algoritmo de autoaprendizaje.

 

Los que lo han visto en acción constatan que resulta asombroso: N.O.S.E. distingue en cuestión de segundos y con un grado de precisión poco menos que implacable un buen whisky de otro mediocre o adulterado. El androide de la nariz prodigiosa se ha utilizado también para detectar el uso en mercados clandestinos de restos orgánicos procedentes de animales protegidos, como el rinoceronte negro, cuyos cuernos se comercializan en África en mercados clandestinos.

De momento, sigue siendo un prototipo científico, pero sus responsables aseguran que se basa en tecnologías perfectamente escalables y de implementación sencilla, por lo que a medio plazo podría hacerse un uso comercial de él ofreciendo a las empresas interesadas un muy competente catador de bebidas espirituosas.

 

Jornaleros y baristas

Los que ya han dado el salto a la plena usabilidad industrial son los camareros robotizados. En 2018 se presentaba Penny, una asistente de hostelería creada en Silicon Valley por BearRobotics a la que sus creadores emplearon como becaria en un restaurante californiano, recogiendo mesas y sirviendo platos. Cuatro años después, los hermanos menores de Penny proliferan por doquier, sobre todo en mercados tan porosos a la innovación tecnológica como Estados Unidos, Corea del Sur, Japón, Singapur o Malasia.

Cadenas de comida rápida están inaugurando ya franquicias total o parcialmente robotizadas en que los pedidos los recogen avanzados sistemas de reconocimiento de voz y las hamburguesas y pizzas las sirven androides con o sin supervisión humana. Entre los establecimientos más revolucionarios destacan los de la cadena Café X, cuyo local del aeropuerto de San Francisco está automatizado al cien por cien y cuenta incluso con un robot barista, todo un profesional del suministro de cafeína capaz de atender de manera simultánea a un máximo de diez clientes, a los que sirve capuchinos o cafés latte ejecutados con buen tino y precisión quirúrgica.

En otro sector, el de la industria agropecuaria, se hace uso extensivo desde hace unos años de jornaleros robots de muy altas prestaciones como los creados por la empresa británica Robotrics. Estos cosechadores industriales se integran sin trauma en equipos humanos a los que auxilian y complementan y, sobre todo, realizan sus tareas sin destruir ni malbaratar una parte de lo que cosechan, ya que disponen de componentes de un alto grado de precisión y encaje fino, derivados de la misma base tecnológica que utilizan los robots cirujano.

 

El producto más popular que comercializa Robotrics son las llamadas Robotricks Traction Units (RTU), cosechadoras infatigables, con una peculiar forma que hace pensar en vehículos ecológicos de novísimo cuño. El CEO de la startup, Jake Shaw-Sutton, profesor del muy innovador departamento de Ingeniería Robótica de la Universidad de Plymouth, destaca que sus unidades tienen una presencia creciente en áreas geográficas del sur de Inglaterra y Gales y que han servido para “paliar una preocupante falta de mano de obra en las explotaciones agrícolas del país”.

Las RTU trabajan tanto de manera autónoma como por control remoto e incorporan capacidades de inteligencia artificial y software de mapeado tridimensional de superficies. Otra startup surgida del entorno de la Universidad de Plymouth, Fieldwork Robotics, ha empezado esta primavera a desplegar su flota de robots cosechadoras en Portugal, donde van a asumir un reto formidable: hacerse cargo de la recogida de frambuesas. Los actuales modelos son capaces de recolectar más de 25.000 piezas diarias, por los 15.000 que recoge de media un jornalero humano, pero los progresos más llamativos tienen que ver sobre todo con su capacidad para extraer un fruto tan frágil como la frambuesa sin dañarlo.

Algo similar ocurre con los robots HV-100 de Harvest Automation, disponibles desde 2014 y en constante desarrollo tecnológico desde entonces. Los nuevos modelos son cada vez más versátiles y eficaces, dotados de conectividad y sistemas de sensores que les permiten, por ejemplo, recoger gran cantidad de flores delicadas sin dañarlas. La llegada de estos nuevos modelos capaces de combinar productividad general con atención al detalle y alto rendimiento cualitativo explica las notables expectativas económicas que presenta ahora mismo el mercado de la agricultura robotizada. Un estudio de Astute Analytica prevé que 2023 sea el año del gran salto cualitativo en cuanto a facturación global de este sector, en el que se prevé un crecimiento medio anual del 21,2% hasta 2030. Un efecto más de esa democratización de la robótica de ajuste fino del que se habla en foros globales como las ferias tecnológicas de Santa Clara.